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UNA NUEVA ÉPOCA


Por Luis Manuel de la Peña Stettner

En un artículo anterior, escrito hace año y medio se describió en qué consiste un cambio de época. En esta ocasión el intento es describir cómo podría ser una nueva época para reconocer los elementos que la integren y la distingan; y así, poder generarla.

Transitamos por un tiempo de crisis general en todos los sectores, junto con otros países en diversas latitudes del globo, que en el fondo sufren de una condición similar. Vivimos actualmente en un caos que tratamos de entender, al que hemos llegado poco a poco, paso a paso, sin caer en cuenta de su origen. Son los efectos de las acciones que hemos realizado, particularmente mediante las nuevas tecnologías e innovaciones, las que causan los cambios que experimentamos, acompañados de la velocidad y la aceleración, con la que estos ocurren. Esta clase de acciones, son la causa de estos cambios. (Papa Francisco) “Evangelii Gaudium”*

Todo cambio es motivo de uno o varios efectos en la realidad que vivimos, la cual debería ser adaptada a las nuevas condiciones para mantener su estado de equilibrio como marco de operaciones. De esta suerte la sociedad podría seguir su camino de progreso y desarrollo. Es la humanidad la que crea estos cambios y es ella misma la que debe ajustarlos y adaptarlos a la realidad. Llevar a cabo ajustes de forma inmediata, requeriría de adaptaciones igualmente rápidas y precisas para un reacomodo exacto de las cosas, de modo que la realidad se mantenga equilibrada en su integralidad. El centro del problema reside, en que no es posible realizar estos ajustes de forma sencilla, debido a que no se distinguen con claridad las áreas de la realidad afectadas, ni la intensidad de los efectos. Esto nos advierte, que si persistimos operando en una realidad no reajustada, cada vez más desequilibrada, y con dificultades para actuar en ella, ésta se deteriorará aún más, y podrá llegar al punto en el que finalmente pierda su facultad natural de ser campo constructivo de la acción humana y referente para el uso del sentido.

Los efectos son entonces de naturaleza entrópica. La entropía, segunda ley de la termodinámica, declara que la energía existente nunca aumenta ni disminuye, sólo se altera, al emplearse, sufriendo desorden o