COVID 19: En la Crisis Cuenta la Integridad – Contará Aún Más Después de la Crisis

Actualizado: 6 de abr de 2020

Martin von Broock, Andreas Suchanek


  • "Por favor, participemos todos. Hagamos lo correcto por nuestro país ahora”: Angela Merkel

  • En la crisis, la Canciller apela a la integridad de la gente

  • Por qué las inversiones en integridad son tan importantes ahora, tamién para las empresas


Confianza: condición para cooperar

En tiempos de incertidumbre hacer lo "correcto". Aún bajo presión, actuar de acuerdo con reglas comunes y valores reconocidos: eso es exactamente lo que queremos decir cuando comprometemos nuestra integridad como individuos, empresas u organizaciones. La integridad tiene que demostrarse cuanto más en situaciones que no se pueden elegir. Como sin duda es la actual crisis del corona-virus. De hecho, actualmente estamos experimentando muchos ejemplos de lo que es actuar con integridad: en Alemania, la mayoría de las personas se ciñen al principio de la sana distancia, incluso sin necesidad de movilizar la fuerza pública. En política, los partidos construyen soluciones en consensos interpartidistas, en procesos pragmáticos, sin las maniobras tácticas habituales. En los negocios, los interlocutores sociales trabajan en soluciones comunes rápidas para proteger a los trabajadores y las empresas, sin largas negociaciones. Las empresas donan equipos para respirar (por ejemplo, la industria automotriz) o desinfectantes (por ejemplo, fabricantes de licores), y los empleados se apoyan mutuamente.

Obviamente, hay más disposición, voluntad y capacidad de cooperar solidariamente, que lo que se podría haber sospechado a partir de algunas encuestas en el pasado. Ahí es en donde está la gran oportunidad de la crisis del corona-virus. A pesar de las muchas incertidumbres y riesgos, preexiste un capital de confianza en la sociedad. Más allá de los profundos conflictos de intereses, persiste la voluntad y la capacidad de actuar solidariamente. La integridad es el prerrequisito previo de esa confianza: podemos confiar el uno en el otro llegado el momento crítico. Desde el miembro del parlamento hasta el conductor del autobús.

Las crisis son tiempos en los que los activos deben ser aprovechados: así como las medidas de austeridad de los últimos años nos han dado el margen de maniobra financiero para extensos programas de ayuda, así el "capital de integridad" influye en las oportunidades de cooperación ad hoc, en la sociedad, en las empresas, en la vida privada. Porque la capacidad de actuar pragmáticamente depende de los requisitos materiales; pero aún más de si las personas confían en la urgencia y lo adecuado de medidas de corto plazo. Y es que, a final de cuentas, en la crisis los procesos de participación y debates deben ser ágiles (aunque no pueden dejarse totalmente de lado). La confianza a su vez se basa en la integridad percibida. Así se explica el llamado inusual y emocional de la canciller para "hacer lo correcto".

Sin embargo, especialmente en tiempos de crisis, se puede percibir que las tendencias dan prioridad a las exigencias económicas. Aunque no se discuta públicamente así, la integridad a veces se ve como un "lujo" que uno simplemente no podría permitirse (más). Sin duda, actuar de acuerdo con valores y reglas siempre causa un esfuerzo. El cumplimiento de las promesas a ciudadanos, empleados, clientes o colaboradores, en suma, la vinculación a conductas acordadas "cuesta" tiempo, dinero y energía.

Pero estos costos, y es exactamente lo que queda tan claro en la crisis, son inversiones en capital en integridad a futuro, en confiabilidad y confianza. Precisamente, en tiempos de crisis queda claro si se cumple con la palabra comprometida, incluso si le cuesta algo a uno. En otras palabras, la integridad solamente es un valor si para usted mismo vale algo. Esta es la única forma en que la integridad vivida se convierte en una señal. Es decir, cuando las personas, las empresas y las organizaciones realmente están asumiendo costos reales, sólo entonces demuestran ser confiables. Y casi nada es más valioso en tiempos de crisis que la confiabilidad.

Sin embargo, la integridad no significa subordinar los propios intereses hasta el extremo del autosacrificio. Los ciudadanos solo pueden sobrevivir a la crisis si continúan recibiendo salarios. Las empresas solo pueden ofrecer bienes y servicios (y pagar sueldos y salarios) si continúan registrando ingresos y excedentes. El estado solo podrá ayudar a ciudadanos, empresas y organizaciones a largo plazo si puede generar ingresos fiscales suficientes. Por lo tanto, las expectativas de integridad de los demás no solo deben considerar lo que desean, sino que también deben tener en cuenta las holguras para la acción de las partes: ¿qué "costos" podemos suponer que pueden asumir las partes?

En estas condiciones, la cuestión de la integridad, de la conducta "correcta", en la crisis exige respuestas diferenciadas. Qué podemos esperar por lo menos el uno del otro: evitar infligir daños desproporcionados o injustos. ¿Qué significa esto? Las situaciones de crisis siempre abren un margen para "victorias rápidas" a expensas de los demás. Particularmente cuando la crisis se usa como pretexto para dejar de cumplir unilateralmente acuerdos pactados previamente. El tema incómodo es simplemente puesto en práctica o arbitrariamente impuesto. La contraparte que ha dejado de ser interesante, simplemente se le abandona. O se exigen los compromisos existentes, aunque resulten ruinosos para el otro. Reclamos legítimos son rechazados. La disposición de establecer compromisos se reduce. Las ofertas de ayuda se explotan aunque no se sea elegible realmente.

Desde un punto de vista legal, algunas de estas formas de proceder pueden ser impensable en modo de crisis. Y sin duda pueden posibilitar beneficios de corto plazo. En términos del valor de la integridad, sin embargo, son una desinversión de alto riesgo por dos razones. Con las acciones actuales, se determinará el capital futuro en integridad y confianza. En primer lugar, todavía están por venir los mayores desafíos de la crisis. La gestión de la crisis y las consecuencias que nos esperan a más largo plazo exigirán todavía más de nosotros. Estas exigencias las podremos superar en la sociedad civil, el trabajo político o en la empresa sólo con los consensos suficientes. Para eso será condición indispensable el capital en confianza e integridad. En segundo lugar, el tiempo de la crisis es limitado, pero el que le siga es ilimitado. Todos los conflictos eclipsados actualmente volverán a la luz plena. Incluso con más fuerza. Por ejemplo, la crisis económica y financiera de 2007/2008 no detuvo la discusión sobre sostenibilidad. Así que ahora es aún más importante no despilfarrar la capacidad de participar en los debates en tiempos de crisis. Quien ahora se mantiene íntegro, invierte en sus libertades futuras.

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